Alfabetización del usuario: un derecho
Tras un mes intenso de preparación de clases, ayer, finalmente impartí mi última sesión. No voy a negar, sinceramente la sensación de descanso que se queda, después de cierta tensión que significa el compromiso de enfrentarte a un grupo de personas que voluntariamente se han inscrito en el curso de formación. El balance, a mi modo de ver, ha sido positivo. Se les ha entregado al final del curso un cuestionarios de evaluación y he podido comprobar de soslayo, puesto que no soy yo la que voy a analizar los datos, que han quedado bastante satisfechos de la información que se les ha proporcionado. Algunos me han comentado la gran utilidad que significaba para ellos el conocer el manejo de la información electrónica que posee la biblioteca y añadían asombrados de cómo no se había inscrito en el curso más gente.
Considero que este curso puede significar un buen comienzo para empezar a cambiar ciertas cosas. No podemos negar la evidencia de que la “formación de usuarios” clásica, es un fracaso. Si para alfabetizar hemos tenido que recurrir a la organización de un curso con crédito incluido, bienvenido sea. Pero las cosas no se deben quedar ahí. Es necesario ahora evaluar los resultados, planificar nuevas estrategias, y organizar un grupo exclusivamente dedicado a diseñar un nuevo modelo de alfabetización. Los usuarios, así lo demandan.
Al hilo de los comentarios que se vienen realizando estos días en la “gran comunidad” de profesionales de la información interesados en la “web social” organizada por SEDIC, creo que si los usuarios no saben consultar el catálogo en línea somos “los bibliotecarios” los únicos responsables. La alfabetización en la información por supuesto debe comenzar desde los colegios y los institutos. Las bibliotecas escolares son el primer ladrillo en esa construcción. Las bibliotecas públicas deben apoyar esa tarea y las bibliotecas universitarias continuamos levantando pisos.
En este mundo tecnológico lleno de información “todos” tenemos el derecho a “alfabetizarnos”, pero los bibliotecarios y documentalistas tenemos la obligación.




