Bibliotecario reticente al cambio vs Bibliotecario “proactivo”
Llevo ya un tiempo con este “post” guardado en el borrador y no me decidía a publicarlo. Sobre todo por que rezuma ese olorcillo de “siempregruñeportodo” en el que a veces puede una caer. Pero al leer esta mañana el comentario en el blog de Marcos Ros, me he sentido en sintonía y me he dicho ¿porqué no?
Y es que mi comentario iba a propósito del post que se me quedó marcado cual estigma, de María Pinto cuando hace unos meses nos hablaba en el Blog de Sedic del futuro que tenemos por delante en las bibliotecas universitarias con las CRAI, al hablar de los responsables de las bibliotecas, y de los bibliotecarios. Me voy a permitir subrayar estos párrafos para los que les de pereza volver a releer el post de su autora.
“… vemos que la andadura hacia el CRAI es lenta y sinuosa pues los enfoques, la cultura y las razones para la convergencia difieren entre las distintas universidades, debido a la dinámica de los propios servicios a la hora de delimitar sus fronteras así como a las conservadoras estructuras organizativas subyacentes, que a veces son poco eficaces o muestran reticencias para la gestión del cambio.”
“Pero esta nueva realidad de conversión en CRAI conlleva una reorganización estructural y funcional de los profesionales implicados, especialmente de los especialistas de información, que serán gestores y expertos en contenidos, conocedores de los modelos de gestión participativa y de la innovación del trabajo en equipo.”
“Esto supone apostar por un nuevo modelo de organización transversal de los servicios CRAI con equipos y profesionales polivalentes poseedores de competencias, habilidades y talentos diversificados, por una nueva cultura gerencial flexible, destinada a eliminar barreras entre grupos, así como por una nueva forma de ejercer el liderazgo y por un cambio cultural que sitúe al estudiante en el epicentro de todas las actuaciones.”
Y terminaba con esta frase sobre lo que supone el nuevo modelo de Biblioteca universitaria:
“Es un proyecto de largo recorrido, que implica una actitud proactiva por parte de los profesionales, que en el caso de los expertos en información deberán adaptarse al cambio cultural y poseer una formación sólida basada en competencias, que potencie la multialfabetización y el trabajo en equipo.”
Tengo la sensación que la realidad es cruda. Muchos bibliotecarios que forman parte de las plantillas fijas viven y se alimentan de su propia inercia. Y las instituciones académicas bibliotecarias, con la lección aprendida aparente de lo que supone afrontar ese tan mencionado “nuevo reto” pero tan poco predispuestos de manera real, y consciente, para llevar a cabo ese cambio, que se supone se avecina… y que ya está viniendo…
El nuevo modelo de biblioteca académica (CRAI) ya está perfectamente diseñado y perfilado pero, en el seno de las organizaciones apenas ocurre nada.
Pero, a lo que voy, es que como bibliotecaria, no me vale de nada esperar a que me den el cambio hecho. La cultura del cambio la tiene que asumir no solo la organización, evidentemente (cambiando sus estructuras); también ese cambio lo tenemos que asumir un poco todos (los bibliotecarios, pero todos, todos,) haciendo “nuestra” esa actitud “proactiva” a la que María Pinto hace alusión, o a ese profesional “pull” que Marcos Ros menciona.
Identifico a bibliotecarios obsoletos, por un lado, o conformistas, y además muy trabajadores, pacíficos, contentos de su situación y satisfechos por cumplir cada día con sus cotidianas y (”aburridas” para otros) obligaciones.
Compruebo que otros, más conscientes del cambio que tiene que producirse, sin embargo, agobiados por ese trabajo tedioso del que uno no acaba de salir, se dan cuenta de que apenas les queda tiempo para “leer” (literatura profesional), ni innovar. Algunos de éstos tiran por el camino de la desesperación y se lamentan de que es muy difícil realizar cualquier cambio cuando no existe ni la voluntad real ni consciente por parte de los “gestores” para realizarlos. Otros, menos desesperados, quizá por carácter, o por ingenuidad, o como yo, que vengo “reutilizada” de otro sector (en los museos, viven todavía en las cavernas) , nos “tiramos al monte”, a lo mejor de forma inconsciente y nos lanzamos con “hambre” a probar todo lo que sale nuevo, comprobando con satisfacción que no sólo aprendes, sino que lo pasas bien, y encima además tiene posibilidades de ser útil en tu centro de trabajo.
Por eso, “be pull, my friend”



